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Las altas temperaturas no van a descender tan fácilmente. El verano ha hecho su entrada triunfal y la época estival será más calurosa que nunca. Con las vacaciones de niños y adultos, es habitual coger el coche para desplazarte a tu lugar de ocio. Lo mejor para que el trayecto no se haga pesado y cargante, es el empleo del aire acondicionado.

Con la primera oleada de operación salida de julio y la de agosto a punto de llegar; los ocupantes de los vehículos requerirán el uso del aire acondicionado. Sin embargo, con este método de refrigeración acarrea un consumo extra de combustible. Por ello debes saber cuándo es realmente necesario, y usarlo de manera responsable. Desde Autolunas Carabanchel, te damos a conocer unos sencillos trucos para ahorrar mientras usas el aire acondicionado.

Ahorra combustible al usar el aire acondicionado

Bajar la temperatura: es importante descender la temperatura del coche tras unos días al intenso sol del verano. Hazlo de manera manual antes de encenderlo para ahorrar combustible: baja la ventanilla de la parte trasera opuesta al conductor y abre y cierra la puerta del conductor varias veces. De una manera rápida y efectiva la temperatura interior puede descender hasta 10º.

Con el coche en marcha: cuando pongas el aire acondicionado, hazlo siempre con el coche en marcha. La razón es que los sistemas se enfrían mucho más rápido cuando el vehículo está en movimiento; a más rapidez a la que vaya el motor, más enfriará el aire acondicionado. Cuando está parado solo servirá para gastar combustible.

Aire del exterior: cuando el interior de tu coche alcanza la temperatura óptima, es el momento de usar el aire exterior. De esta manera reduciremos considerablemente el consumo de combustible. Al circular a menos de 80 km/h las ventanillas abiertas no afectan al consumo. Solo lo hacen cuando superan los 110 km/h, momento en el que debes activar el aire acondicionado.

Sin demasiado frío: otro de los trucos que puedes emplear para reducir el gasto con el aire acondicionado es no pasarte con el frío. La temperatura óptima interior oscila entre los 21 y 23 grados. Si lo pones por debajo de estos límites, el gasto puede crecer hasta un 30%.